martes, 28 de diciembre de 2010

"Tron, el legado": el futuro dentro del futuro, dentro del futuro...




Largas filas afuera de los cines. Familias enteras arrastradas por sus hijos para ver la segunda parte de una película que nunca fue tan buena para ser un clásico, ni tan mala para ser de culto.

Tron es un misterio. Surgió cuando la gente acababa de descubrir las infinitas posibilidades de la realidad virtual. Estamos hablando de apenas unos años después de la comercialización de las primeras consolas de videojuegos para las casas, que en México se llamaron NesaPong.

Sí, era una novedad. Uno podía ir a la casa con este circuito impreso en una carcaza de plástico ABS (acrilo nitrilo butadieno estireno para los cuates), que tenía dos perillas, bloquear la señal de la televisión en el canal 3 o 4, para sustituir la antena por un juego con dos raquetas y una pelotita virtuales.

Ingenuos de nosotros, pensamos que todo terminaría ahí. Pero ellos (esa especie de gobierno secreto casi extraterrestre que siempre va un paso más allá) apenas estaban comenzando. Hoy, unos treinta años después, escribo esto en una pantalla portátil, mientras a un lado mi ahijado de 13 años juega Call of Duty Black Ops en una consola XBOX, amarrado a una diadema y un control. Él platica con sus amigos. Yo platico con ustedes. Además, he decidido voluntariamente no publicar esta columna en papel, sino entregarla exclusivamente por internet. El futuro es real.

Esa es precisamente la teoría de Kevin Flynn, el personaje de Jeff Bridges en Tron; que la "Matrix" existe, que hay un portal entre los mundos real y virtual. Y que puede ser cruzado. Él lo llamaba "destino".

Todo iba bien, hasta que los programas cobraron vida. Ustedes saben, esa vieja teoría de la ciencia ficción que cristalizó en el Yo, Robot, de Isaac Asimov: la inteligencia artificial. Ese instante en el que la materia cobra conciencia. Ese brinco que nos sucedió a los seres humanos y que -¿por qué no?- podría sucederle al metal o al silicón. Ahí comienza, casi siempre, la suposición de que nuestras creaciones se rebelarán. La máquina contra su dios, el ser humano. De Terminator a Blade Runner, ustedes conocen las hipótesis.

Lo chistoso es que este pensamiento es mil veces más elaborado que el guión de Tron y, sin embargo, la película conserva una fascinación muy especial alrededor de esta teoría. En los años ochenta, Kevin Flynn logra, en efecto, cruzar el portal. En el 2010, sigue extraviado adentro, escondiéndose de sus propias creaciones, atrapado para siempre en el mundo que él creó.

Todo fue culpa de unos carritos...

Les digo, todo estaba bien con las raquetas y la pelotita virtual. Pero, ¡ah no! Tenían que llevarlo más lejos. Crearon un videojuego en el que cada persona manejaba un carrito, que iba dejando tras de sí una estela luminosa. Esa cauda era sólida para el contrincante, de modo que si no se ponía vivo al dar vuelta, se estrellaba contra la pared virtual que había construido el otro.

Ese fue un gran salto en los juegos de video. Había, por fin, una posible trama. No era difícil imaginar a dos conductores jugándose la vida en una arena virtual, y había que admitir que a nadie le gustaría ir manejando. Ese es el portal que imaginaron los creadores de Tron: ¿Qué sucedería si alguien pudiera realmente jugársela de esa manera? ¿Qué clase de guerrero loco se arriesgaría? ¿Y cuánta idolatría lograría alguien que pudiera sobrevivir a tan brutal competencia? No olvidemos que pertenecemos a la misma raza que en tiempos del Imperio Romano pagaba por ver a personas matarse. No olvidemos que el subtítulo de la Tron original, de 1982, era "El Gladiador Electrónico".

El portal, de hecho, existe. Y es precisamente ese, la imaginación. Tal vez por eso Tron es fascinante, a pesar de su ingenuidad, de lo básico de su anécdota, o del indiscutible hecho de que su popularidad está basada en sus efectos visuales y de sonido. De hecho, así está anunciada en formato IMAX 3D en Estados Unidos, como "la experiencia", porque es lo más cercano a una atracción al estilo de los Estudios Universal, pero de dos horas de duración y en un cine.

Además, de nuevo, haciéndole honor a su origen, la película "conecta" con la audiencia. Es adorable la secuencia en la que el padre que lleva casi 30 años encerrado le pregunta a su hijo cómo está el mundo. Y él le dice que todos están conectados por Wi-Fi. Kevin Flynn pregunta: "¿Wi-Fi?", y cuando su hijo le explica, sonríe con un atmósfera íntima de triunfo y derrota a la vez.

Tal vez eso hace entrañable a Tron desde hace casi tres décadas: su personaje central es un perdedor, siempre. Es alguien que, como todos nosotros, se hace un esquema de "la meta final" y desde ahí explica el mundo entero, pero -como nosotros- fracasa ante las preguntas definitivas. Alguien que, como todos, tiene que encontrar refugio en las cosas más sencillas para no enloquecer o perder la esperanza.

Un personaje que vive media vida real y media vida virtual. Como nosotros. En eso, los creadores de la película original triunfaron: la premisa era correcta y hoy en día el tema está más vivo que nunca. La profecía se cumplió. El portal ha sido cruzado. Estamos viendo a Tron desde adentro de su mundo aterrador.

Y sí: los efectos están fregones. Pueden ustedes ir a ver la película taquillera de la Navidad muy a gusto y no los va a defraudar.

Hugh Heffner: ¿en serio a los 84 hay sexo?

Crystal Harris, de 24 años, es la nueva prometida de Hugh Heffner, de 84. El magnate, dueño de Playboy, lo anunció por Twitter.

Yo me pregunto lo mismo que ustedes, no se hagan: ¿A Hugh todavía se le para?

Perdón, pero es que decir "¿tendrá erecciones?" no suena tan sabroso. Además es la pregunta de preguntas. ¿Tendrá lo que se requiere para atender a este bombonazo, o a final de cuentas será al mismo tiempo la leyenda más grande del machismo y el más grande cornudo?

Hago mi apuesta: sí se le para. Y bien. No tanto como para atender a la chamaca todo lo que ella necesita, pero suficiente como para competirle a dos que tres hombres mucho más jóvenes. Y ella le es fiel, no sólo por el dinero, sino porque le cae bien y hasta lo quiere. Y si no es así... ¡No olvidemos que Hugh tiene unos abogadazos! Ah, cómo me cae bien el muchacho. Hugh Heffner da enormes esperanzas para el futuro...

Colofón para el mundo que empieza. Esta es la última columna del 2010. Nos leemos el año entrante y les recuerdo que en el 2012 es el Fin del Mundo. Vayan poniendo sus barbas a remojar. Muy feliz 2011.


martes, 21 de diciembre de 2010

"Viva México, cabrones": Roger Waters

A nadie se le había ocurrido. A Roger Waters sí. Como si necesitara quedar bien con nosotros, abrió su primer concierto de la gira The Wall Live en el Palacio de los Deportes con esa frase futbolera que tanto nos une.

Debe gustarle venir. Mucho. Es su tercera gira aquí, y la Ciudad de México es la única parada en América Latina de The Wall. Después de esto comienzan las fechas en Europa.

Así que "Viva México, cabrones". Y no sólo eso. También su declaración de que el español es un idioma que "todos deberíamos hablar", su promesa de hablarlo en su próxima visita, y la modificación que le hizo a su producción en nuestro honor: ante la pregunta legendaria de la canción "Mother", "Mamá, ¿debo confiar en el gobierno?", en la enorme pared se leyó la frase "Ni madres guey". Esta traducción no literal de la respuesta original de Roger Waters, "No Fucking Way", certifica el siguiente hecho inexorable:

El Palacio de los Deportes es ahora un monstruo sagrado del rock.

Ocurrió. Tomó casi 20 años desde la presentación de INXS. Pero ocurrió. La presencia de Roger Waters y The Wall es la culminación del sueño de generaciones de rockeros mexicanos que antes iban a dar portazo y tirar chelas a la pantalla del Cine Metropolitan porque a algún valiente se le ocurrió proyectar ahí "The Kids Are Alright", de The Who.

El Palacio de los Deportes ha visto pasar a Jimmy Page y Robert Plant, a Paul McCartney, a Deep Purple y a Kiss. Pero ahora es uno de esos inmuebles legendarios que ha tenido el show original de The Wall. Y no solo eso: es The Wall a la mexicana, cortesía de Roger Waters.



"México, México"

No es gratuita la analogía con el futbol. ¿Se acuerdan de los primeros conciertos en México, cuando el público gritaba a la menor provocación "México, México", como si jugara la Selección Nacional? Pues Roger Waters revivió ese grito cuando se echó a la espalda una bandera tricolor que le aventó alguien del público. Es más: Roger la pidió. Y después dijo:

"Esos encendedores que prenden y apagan al ritmo de la música, es algo que no he visto en ninguna otra parte del mundo; la vez pasada lo hicieron mientras cantábamos 'Flickering Flame', es fantástico."

Ahí me acordé; eso mismo le escuché decir a Paul McCartney. "Sólo en México", dijo el exBeatle al pedir que la gente lo volviera a hacer el año pasado en el Foro Sol.

Así que es oficial. Lo de los encendedores es y será con el tiempo la aportación de México a la historia del rock. Y aquí regresa el futbol: lo más seguro es que nadie nos lo reconozca, porque ya nos volamos la ola, que se hizo popular y masiva en 1981 en un juego de Ligas Mayores en Oakland, pero se internacionalizó en el Mundial de México '86.

Última analogía futbolera: el Palacio de los Deportes se convirtió en un monstruo sagrado del rock con The Wall; igualito que el Azteca con la triple coronación de Brasil en 1970, o con el Gol del Siglo, de Diego Maradona ante Inglaterra en 1986.


La reseña colectiva, en la red

¿Quieren más reseñas, comentarios o fotos de The Wall en México? Sólo naveguen la red. La reacción ha sido instantánea y brutal: hay todo tipo de fotos, en todos los ángulos posibles, tomadas por los asistentes. E historias, salpicadas por sus autores directamente en los Facebooks y los Twitters.

Del concierto, habiéndolo reseñado en este mismo espacio hace algunas semanas, sólo diré: es The Wall. Y las palabras sobran. Nada es suficiente para describirlo.

Lo que sí me queda es esto: viví lo suficiente para ver al rock convertido en una realidad en mi país. Y para ver a Roger Waters abrir The Wall con un "Viva México, cabrones". Ahora vayamos por más. Vivamos para hacer de México ese lugar con el que todos hemos soñado. Si Roger Waters cree en nosotros, es que podemos. Venga entonces, me sumo a la celebración. Viva México, cabrones.

Colofón para el mundo que empieza. El Palacio de los Deportes no sólo puede sonar bien, sino perfecto. Deep Purple, Paul McCartney y ahora Roger Waters son la prueba de que todo depende del ingeniero de sonido. The Wall, en mi experiencia, sonó mejor en México que en Dallas y Las Vegas. Ahí nos lo deja Roger de tarea.

Un pequeño regalito postfechado. El domingo, Roger Waters sorprendió a todos al preguntar si era cumpleaños de alguien en la audiencia. Hubo manos que se levantaron de inmediato. Lo que sigue (abran el video y escuchen) es sólo otra muestra más de que, como dice el título de esta columna, el mundo ya se acabó.

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martes, 14 de diciembre de 2010

Spiderman en Broadway: el tren se descarrila...

Nueva York.- Las nubes negras que amenazaban exterminar el musical Spiderman: Turn off The Dark no sólo no han desaparecido, sino que se hacen más y más negras.

Vi un previo. Lo aclaro. La obra no ha sido estrenada oficialmente. Pero eso no evita que los nubarrones sean visibles. A leguas se nota el mar embravecido que tendrá que atravesar en las semanas que vienen. Voy por partes.

1) No es un espectáculo para Broadway. Antes de comenzar la función, uno de los productores ejecutivos sube a escena y advierte: "tuvimos que remodelar el teatro y es el único en el mundo donde podemos correr la obra". Es cierto. Para este tipo de shows hay que crear el teatro, como en los casos de Ka y Love, del Cirque du Soleil en Las Vegas. O como en el espectáculo Terminator 3D en los Estudios Universal. Un teatro normal no tiene tres consolas de audio, ni tres stage managers a los costados y al centro, ni esa iluminación. Lo único que les faltó fue que las butacas vibraran y tal vez hasta lo pensaron. O que tuvieran bocinas individuales como en el teatro del MGM en Las Vegas. Por eso están afinando y ensayando en Nueva York. Pero se están exponiendo a más críticas de las necesarias.

El esfuerzo no elimina el factor principal: no es una obra para Broadway. Es para Las Vegas. Traerla a Nueva York implicó enormes costos adicionales, porque ninguno de sus teatros estaba preparada para recibirla.

2) Está fuera de target de audiencia. Esta podría ser la espada de descabello, el tiro de gracia. Está dirigida a los niños y los adolescentes. Y ninguno de ellos tiene para pagar los 142 dólares que vale el boleto. ¿Los papás van a llevar a sus hijos a un espectáculo nocturno, en Nueva York, cuando en realidad quieren ver Wicked? Más aún, ¿lo harán cuando nadie pensó en ellos? Un adulto ve este montaje con la misma aburrición que el papá que lleva a sus chamacos a ver Barney al Metropolitan. Pero eso sucede en México a las 11:30 AM, no en Nueva York a las ocho.

3) La prensa la va a demoler. Los críticos del Times y del Post se están relamiendo los bigotes para pasarla por las armas después del 11 de enero, cuando se estrene. Son personas que tienen de su lado el mayor argumento: hay que defender la tradición y el nombre de Broadway. Y no hay nada que odien más que un espectáculo que los acerque a California o Las Vegas. Spiderman hace exactamente eso: no es una obra de teatro, es un show casi sin guión, disfrazado de comedia musical.

4) Los amantes del personaje los van a hacer pedazos. Este no es El Hombre Araña. Peter Parker parece Yurem: es un niño tarado, no el adolescente atribulado. Nunca queda clara la responsabilidad que tuvo en la muerte de su tío Ben. El Duende Verde parece a) iguana, b) monstruo de Viaje al Fondo del Mar. Carnage, Electro y los demás villanos están terriblemente realizados. Esas botargas son una vergüenza para la franquicia y no entiendo cómo Marvel las aprobó. Hay dinero por todas partes, espectaculares secuencias de video... Pero están terribles. No exagero cuando les digo que eran mucho mejores las del Spiderman de Alejandro Gou en el Teatro Metropolitan. Y la puntilla... "Arachne".

5) El guión. Dios mío. Arachne. Este punto es estructural y ya no tiene remedio, no a menos de un mes del estreno. Aquí sí parece que los escritores le jalaron durísimo a la mota y nadie los detuvo a tiempo. Arachne... Uff... Se trata de un mito grecolatino en el que una mortal quiso ponerse al tu por tu con la diosa Minerva (Athenea para los griegos) y le ganó. La mujer tejía hermosas telas, capaces de mostrar historias con tal belleza, que la gente pensaba que sus talentos venían directamente de la diosa. Pero la mujer lo negaba. Entonces Minerva la retó... Y perdió. De coraje, le destruyó su tela y la llenó de tanta culpa que ella se suicidó. Minerva la regresó a la vida en forma de araña.

Sí, esta es la historia central del musical del Hombre Araña: la relación entre Peter Parker y Arachne. Caray. ¡El guión está tan equivocado, que el personaje central es ella, no él! ¡Y nadie se ha dado cuenta que en ese punto radica la espantosa aburrición de todo el segundo acto!

¡Paren! ¡Es un error! Hagan más vuelos con sus increíbles aparatos, más secuencias de batallas, vuelvan a hacer las coreografías de peleas, pero por favor, eliminen ese personaje y demanden a los guionistas. ¿Quién les hizo la historia? Quien haya sido, los está matando.

Hay por lo menos cuatro números para Arachne, y de ellos dos son definitivos, ¡incluyendo el final! Este es el gran drama de Spiderman en Broadway: todos los vuelos están en el Acto 1, y el 2 parece un pretexto para darle teatralidad a un espectáculo infantil. ¿Lo mejor que se les ocurrió fue este invento clasicoide de darle todo el peso a un personaje mítico griego? Por Dios, cámbienlo antes que sea demasiado tarde.

México, presente




Los hermanos Billy y Fernando Rovzar, productores de cine, se aventuraron a meterle dinero a esta producción y sus nombres aparecen, flamantes, al lado de los demás inversionistas, que incluyen al legendario manager de U2, Paul McGuiness. Es seguramente una inversión mexicana histórica en el entretenimiento, y las razones detrás no son solamente monetarias. Como dice su perfil en el Playbill de la obra, Fernando Rovzar creció siendo fan de U2 y del Hombre Araña.

Además, según el mismo Playbill, Fernando piensa participar también en un montaje de la obra Noises Off, que se hizo legendaria con Carol Burnett.

Es muy impresionante y satisfactorio ver que hay inversionistas de ese tamaño en México. Esta es una apuesta grande. A nivel de productores de teatro, los Rovzar son nuestro Chicharito Hernández. Ahora ojalá se conviertan en nuestros Hugo Sánchez. Con aprecio, les deseo mucha mierda (expresión teatral que quiere decir que haya mucho público; se dice que es francesa y se refiere a las heces que dejaban los caballos que llevaban muchas carretas a los más grandes éxitos de los teatros de París).

Dos detalles más del Araña...

6) La producción. Cara, espectacular... Innecesariamente complicada. Si siguen así, van a tener que contratar paramédicos para cada función. Al menos uno de los arañas se va a lesionar feo.

Vi un previo. En esta ocasión no cuento los errores técnicos. Concedo, por supuesto. Y comento: lo mejor son las perspectivas a ningún punto de fuga que pretenden convertir las dos dimensiones del cómic en tres y visceversa. Por ahí va bien la cosa. Por supuesto, no duden que además verán algunas de las secuencias más impresionantes de escenografía y efectos en la historia del entretenimiento.

7) La música. No es la primera vez que Bono y The Edge le entran al mundo de los superhéroes. Antes lo hicieron con "Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me" para la película Batman Forever. En esta ocasión no hay mucho qué decir: el "score" y las canciones no son emocionantes. Tal vez si las cantara Bono...

El 11 de enero se estrena oficialmente Spiderman: Turn Off The Dark en el Foxwoods Theatre, en la Calle 42, entre la Séptima y la Sexta Avenida, en Nueva York. Boletos en www.ticketmaster.com.

COLOFÓN PARA EL MUNDO QUE EMPIEZA. Sábado, domingo y martes. Sí, los que vienen. Roger Waters hace The Wall Live en el Palacio de los Deportes. Tengo reportes de que el que haya tenido oportunidad de verlo y se lo pierda llevará una marca negativa para su Juicio Final. Ya saben. Allá ustedes.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Cristian Castro: la estafeta de José José ha sido entregada

¿Quién lo hubiera pensado? José José eligió sucesor y es Cristian Castro.

La jugada del hijo de Verónica ha sido magistral. Se le adelantó al mundo entero y se pasó por el Arco del Triunfo a todos los que soñaron estar en esos zapatos. En el video promocional del primer sencillo de su nuevo disco, "Viva el Príncipe", José pasa por Christian a su cuarto, le arregla la corbata como si fuera su padre, y le da el micrófono.




¡Le da el micrófono! Y no estamos hablando de cualquier cosa. Equivale al momento en el que Ultraman bajó del planeta Nebula M78 y le dio la cápsula de poder a Ayata. Es como cuando John Lennon declaró que la estafeta del rock británico le pertenecía a un chamaco llamado Elton John. Es un momento histórico.

¿Y por qué así, por qué ahora y por qué a Cristian? Simple; porque este cantante entiende perfectamente donde se está metiendo y supo abrir las puertas con todas las llaves correctas.

Primera llave: Rafael Pérez-Botija. "Lo des-retiré", me dijo Cristian. Y no sólo eso, lo puso a arreglar y producir nuevamente algunos de los mejores temas de José José. El hecho de ir a buscar a este hombre a España era evidente, pero nadie antes lo hizo. Cristian sabía dónde buscar.

Segunda llave: el respeto de las jerarquías. Cristian no está compitiendo contra José José, muy por el contrario, lo está mencionando en cada ocasion, alabándolo una y otra vez, repitiendo que “nunca jamás” habrá otro cantante como él. Está ganándose el derecho de piso en base al respeto.

Tercera llave: entiende las canciones mejor que nadie. Hay quien piensa que Cristian está imitando al Príncipe. No. Cristian está haciendo las canciones exactamente como son, parte por parte y tono por tono. Está en lo más difícil: caminando sobre los pasos del original con precisión, pero sin imitarlo. Esto, además, le asegura que el público lo va a querer oir.

Cuarta llave: la orquesta correcta, la imagen correcta. Véanlo en vivo. Es un espectáculo irresistible.

Hay nostalgia por tener un cantante que pueda abordar este repertorio, ahora que las capacidades pulmonares de José José no se lo permiten. Esta necesidad ha durado ya años, y por eso mismo Cristian va a tener muchísimo éxito. Lo van a contratar para cientos de shows privados en México, América Latina, EU y hasta España. Con esta idea el hijo de Verónica pegó de hit, le salió jonrón y la sacó del estadio. Que todos los que aspiraron por los favores del Príncipe se queden sentados: él ya eligió sucesor. ¿Quién lo iba a imaginar?

El Juicio de Hidalgo: teorías aterradoramente lógicas

Miguel Sabido me mostró la version de los acontecimientos torales en la vida de Miguel Hidalgo, por primera vez, en forma creíble. Sí, la obra El Juicio de Hidalgo tiene ese estilo de Miguel Sabido que recuerda a las pastorelas y los proyectos didácticos que hizo para televisión, pero tiene la primera versión que me suena lógica acerca de la decision de Hidalgo para no dar la última estocada a los realistas desde el Cerro de las Cruces. Y tiene una teoría muy creíble de la verdadera naturaleza de la relación entre Hidalgo y Allende. ¿Será que, al fin, Miguel Sabido le pegó al clavo y desentrañó el hilo de la madeja que nos llevará a saber un poco mejor quiénes somos? El Juicio de Hidalgo está en cartelera.

Colofón para el mundo que empieza. Sigo creyendo en el Teletón. Me parece un proyecto útil, necesario y transparente. Así declaro y por ello celebro ya más de una década de apoyarlos. Pues bien, ahora que se abrirá un CRIT en la Ciudad de México, háganme caso: visítenlo. Una sola caminata por ese lugar y no van a poder dudar más de algo tan bien hecho. Por lo pronto, el proyecto avanza y eso es lo que importa.

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sábado, 4 de diciembre de 2010

El escepticismo es una discapacidad

La frase es de Joaquín López-Dóriga. Me la dijo el año pasado en la cabina de radio del Teletón, aquí, en San Ángel.

Lo es. La prueba es que no conozco una sola persona que golpee al Teletón, que haya visitado un CRIT. Van de la mano. La ignorancia y el golpeo. De hecho, para sostener la incapacidad de reconocer las virtudes de algo, es necesario etiquetarlo. Etiquetarlo es desconocerlo.

Hagan sumas y restas. El escepticismo es ceguera. Y la ceguera es discapacidad. Lo malo es que estando abiertos los CRIT a cualquiera que quiera visitarlos, es una ceguera elegida. La gente elige estar enojada con algo que desconoce.

Me sumo a la invitación de Fernando Landeros. Entren a un CRIT, cualquier día de la semana. Vean, pregunten, hablen con las mamás, los papás y los niños. Y entonces hablamos. Antes no. Antes les doy una sola opción. Averigüen sus dudas, confírmenlas o desmiéntanlas y después me dicen si el Teletón es en realidad el fraude que muchos suponen.

Suponen. Lo subrayo. No supongan. Primero vean. Dénse esa oportunidad. Lo demás, es lo de menos. Saludos desde El Foro Teletón, en San Ángel.


miércoles, 1 de diciembre de 2010

The Wall Live: el rock está vivo y coleando

Las Vegas.- "Hace 30 años estaba decepcionado del rock & roll, pero hoy puedo decirles que es un verdadero placer compartir esta habitación con ustedes", dijo Roger Waters el viernes al terminar otro concierto de la gira The Wall Live.

El desmontaje comenzó de inmediato en la MGM Grand Garden Arena. La gente no había terminado de desalojar el inmueble, y ya estaban removiendo la pared que Roger Waters construye y derriba en cada función. No era aleatorio; al día siguiente Waters tenía concierto en el Staples Center de Los Angeles y en la Arena MGM pelearían Juan Manuel Márquez y un tal Katsidis para unificar no sé qué títulos de boxeo.

Pero la gente seguía aplaudiendo. No hay encores. Es The Wall y ya. Y no hace falta más, mucho menos ahora que Roger Waters decidió darle un salto tecnológico impresionante a este concepto que estrenó hace ya 36 años, cuando aún existía Pink Floyd.







De hecho, la única manera de ver hoy en día la grandeza de Pink Floyd es a través de Roger Waters. David Gilmour sigue amargándose, engordando y tocando cada vez peor; Nick Mason es un ancianito y Rick Wright está muerto. Sólo Waters entiende todavía la enorme responsabilidad de poner esta música de regreso en los escenarios.

Dice Waters que decidió volver a hacer The Wall porque la pregunta de si sobreviviremos o no a nuestra propia tecnología sigue vigente. Que hace 36 años él era un hombre asustado, que ahora ha superado esos miedos, y que para él es precisamente el miedo lo que lleva al ser humano a las guerras. Así que decidió poner al día a su propio espectáculo y sintonizarlo al compás de los acontecimientos. Ya no es sólo la situación de Europa, sino los conflictos en Iraq o el atentado a las Torres Gemelas los que ponen a The Wall perfectamente vigente.

Y, de cierta contradictoria manera, la tecnología: este The Wall es un portento en el que sobre la pared se proyectan de manera monumental tanto las animaciones de la película homónima de Alan Parker, como nuevas proyecciones que crean uno de los conciertos más alucinantes que han existido. Es un clásico en esteroides.

¿HAY ALGUIEN AHÍ AFUERA?

La base es la misma. Un día Roger Waters deseó poner una pared entre él y el público. Dice que entonces le molestaba que la gente no los estuviera oyendo y gritara demasiado para disfrutar la música. Y algo lo iluminó. Se dió cuenta entonces que los seres humanos construimos una pared entre nosotros y el exterior por el miedo a ser descubiertos en nuestros sentimientos.

Esa pared debe ser sostenida de todo lo que sea posible, porque no es una pared real. Se alimenta de nuestro miedo y está hecha de lo que consideramos nuestra personalidad: la ropa, los automóviles, la educación, el estatus, el trabajo, el sexo... Y cualquiera que amenace derribarla debe ser expulsado o destruido. Es una barrera que evita, a final de cuentas, el flujo del amor. Por eso hay guerras, porque somos niños adoloridos muertos de miedo de los "otros".







La obra es tan cierta y tan poderosa que sigue viva y coleando como una de las más grandes manifestaciones de la cultura del siglo 20. Es un disco doble, una película y un performance en forma de concierto que explica por qué nos matamos unos a otros, y por qué queremos el dinero y el estatus. Nos disecta.

Ahora, siempre me he preguntado qué tantos entienden este concepto. Cuántos están ahí simplemente aplaudiendo "porque está bien chida la mota" y a cuántos le pega realmente esta propuesta de liberación personal. No importa, por supuesto; a final de cuentas el arte existe para que cada quien lo disfrute a su manera. Pero el discurso está ahí.

¿Qué tal suena? Brillante, vivo, espectacular. ¿Es el mismo show original de Pink Floyd, el que Roger Waters montó en Berlín para celebrar la caída del muro? Exactamente, pero además con un diseño tecnológico que lo lleva a alturas nunca antes soñadas. ¿Cuál es mejor, éste, o el 360 de U2? Éste. Es The Wall. Punto. Tal vez nunca ha llegado a México en su forma original un clásico del rock de esta magnitud.

Tal vez sólo aquel show de Kiss de los años setenta que llegó al Palacio de los Deportes con sus maquillados integrantes originales. Y me refiero sólo al "trademark"; al sueño adolescente de ver algo así en casa. Algo con tanta leyenda detrás.

The Wall llega a México en diciembre. Hay tres fechas, los días 18, 19 y 21 en el Palacio de los Deportes. Los boletos están agotados, pero insistan: alguna manera debe haber para no perdérselo. No lo hagan. Esta sí es la oportunidad de toda una vida.

COLOFÓN PARA EL MUNDO QUE EMPIEZA. Este fin de semana es el Teletón. Ya sé, ya sé: es cursi, chantajista, lacrimógeno; Lucero da cosita, y además hay una campaña que dice que se vuelan la lana y que Televisa la usa para no pagar impuestos. Cualquiera que diga esas idioteces no ha ido jamás a un CRIT. No lo resistiría. Ódienlo, critíquenlo, crean lo que quieran, pero pónganle un varo. En serio, esos chamacos lo necesitan y lo aprovechan. Muchas gracias.

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