miércoles, 6 de octubre de 2010

40, El Musical: "Capitán, volvimos a tocar fondo

Barcelona.- No sé a qué le aplauden. Tal vez los españoles sean parte de un complot para acabar con el buen gusto, o simplemente ya se les acabó después que programas como "Vuélveme Loca" o "Corazón, corazón" les secaron el cerebro.

Lo entiendo menos de la ciudad de Gaudí; del país de Picasso y Velázquez. No entiendo como en la pelea entre Góngora y Quevedo no haya ganado nadie y no haya quedado ni el concepto ni la forma.

O tal vez sea solamente cuestión de idiosincracia: los que hablamos español creemos que nos gustan las comedias musicales y creemos que sabemos lo que son. Nos imaginamos pobremente que tienen que ver con el canto, la música y las emociones baratas, pero simplemente no les entendemos. Me queda claro en el caso de México: los "grandes productores" de comedias musicales no hablan inglés y, por lo tanto, no le entienden a la obra cuando la ven. Por eso, cuando la "adaptan" les queda como les queda y logran que los clásicos del género queden reducidos a montajes que celebran si logran llegar a 150 funciones.

Lo peor no es eso. Lo peor es que la aparición del musical Mamma Mia vino a empeorar las cosas. No sólo abrió la puerta para una generación entera de pésimas comedias musicales, sino que hizo creer a los productores hispanoparlantes que bastaba desempolvar el catálogo y pegarlo en un mal libreto para "crear" una "comedia musical".

Después de Mamma Mia nada ha sido realmente bueno. Los experimentos van de horror en horror y en esa galería de la perdición podemos empaquetar desde Hoy no me puedo levantar con música de Mecano, hasta Mentiras, con un champurrado de canciones de los años 80.

Lo malo es que son un éxito. Tienen no sólo público, sino mucho. Y duran hasta años en las carteleras. Me explico ahora... ¿qué tan malas son estas obras?

Cuéntame un cuento abuelita... O mejor no.

Se supone que el teatro es un género narrativo. Hay una historia escenificada. Pero en estos "musicales" no la hay. Lo que sí hay son elementos primordiales que los productores encajan, entrometidos en las canciones, para que la gente muerda un anzuelo. Y la gente lo hace, más por tener cerebro de pescado que por otra cosa. Estos elementos son:

Un gay que se revela como gay, o una escena lésbica gratuita.
Una boda.
Una escena de celos.
Una fiesta.
Una persecución.
Una infidelidad.
Una escena onírica.
Una borrachera.
Un bar.
Un señor mayor medio chistoso.
Un funeral.
Uno o varios nerds traumatizados por alguna circunstancia de la vida.
Una colección de hits de radio.

Eso tienen en común todos estos "musicales". Mamma Mia no pertenece a ellos; ahí si hay historia, desarrollo de personajes, y una colocación impecable de las canciones al servicio del género. Pero los productores y el público de España y América Latina no lo entendieron jamás. Son nacos, pues. Fanáticos inconscientes de lo kitsch. Comparar estos productos con el original de Abba es como comparar la réplica del David de Miguel Ángel en el tablero de un Ruta100 con el original en Florencia.

Entre estas obras se encuentran Hoy no me puedo levantar, Mentiras y ahora 40 el musical, basado en las canciones que han sido éxitos en la estación de radio Los 40 Principales, de España. Lo que describo es lo que hay: diálogos inanes, situaciones que pasan por ninguna razón, personajes apenas dibujados como pretexto para hilar una situación karaoke interminable que dura casi tres horas, y un público... Feliz. Sí, feliz.

¿Por qué? Sepa el Demonio. Tal vez sea él, de hecho, quien esté detrás de todo esto. De hecho, muy a la destapada que se cargan ahora en España, a la obra entran niños para oír hablar de culos, condones y pijas, con un desparpajo que sólo se entiende como contraparte perfecta (aunque no más profunda) al país de Francisco Franco y las películas de la Niña Marisol. Tal vez sólo en un país en el que los ultraconservadores mandaron matar tantos republicanos en nombre de Cristo Rey, se entienda poner a un sacerdote vestido de obispo abrirse la sotana para bailar en tanga al ritmo de una canción de Raphael, en una "comedia" para toda la familia.

Pero la ultraliberalidad tampoco hace mejor el producto. En sus hechuras estrictas, 40 el musical es basura. Aunque tiene un detalle muy interesante para México.

Gerardo González: ¿Quién lo iba a imaginar?

El actor mexicano Gerardo González se lleva los más grandes aplausos del montaje. Tal vez ustedes lo recuerden en sus primeros años de televisión como "Porkirio", en la nunca olvidada serie Cachún Cachún Ra Ra. O tal vez de alguno de los muchos musicales en los que actuó para Ocesa y Morris Gilbert. El Fantasma de la Ópera, El Full Monty, etc. Pues Ángel Suárez, productor ejecutivo de este montaje y de Hoy no me puedo levantar, se lo llevó a Madrid para estrenar 40 el musical, y al año decidió radicarlo en Barcelona para que levantara ahí la temporada que se estrenó apenas el pasado 9 de septiembre.

Y digo "levantara" porque eso hace. El público sencillamente lo ama. Desde que aparece hasta los aplausos finales, le festejan cada cosa que hace, ríen, se emocionan, se conmueven. Parecería ser cierto aquello de que nadie es profeta en su tierra, porque allá, en Barcelona, Gerardo es, sencillamente, una estrella.

Justificado está, por lo visto, el gran sueldo, el piso con vista al mar de La Barceloneta, y las ofertas para que se quede como director residente del musical y estrene, además, el próximo proyecto de la compañía; un musical basado en las canciones de Joaquín Sabina.

Ni más, ni menos. Entre líneas, fuera de reportaje, Gerardo González comenta su suerte igualito que aquellos que de pronto, en vida y sin esperarlo, fueron al fin reconocidos por su talento. Así las cosas. A nivel artístico, hoy por hoy, es el mexicano que más triunfa en España.

Colofón para el mundo que empieza. Mucho mejor la preventa para fans de U2 en el segundo concierto. Esta vez, Ocesa no cometió la tontería de vender la membresía para que todo mundo pudiera ocupar su sitio de Internet y que los boletos se fueran rápidamente por el caño. Tal vez, sólo tal vez, la presión de la realidad los despertó un poco de su soberbia. La venta condicionada con Banamex termina hoy. Sigue siendo una práctica ilegal. Tal vez algún día operen las leyes en este país. Hoy no.

Columna publicada originalmente en www.callemexico.com
Twitter: @Kermit@Franco
Email: rfranco@callemexico.com

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